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Si nos preguntamos por el nombre de alguna mujer en la ciencia o la tecnología se nos viene a la cabeza uno: Marie Curie. Pero si tuviéramos que pensar en diez mujeres cuyos inventos, descubrimientos o contribuciones a la ciencia y la tecnología hayan cambiado el rumbo de la historia, tendríamos que recurrir a una enciclopedia o a un navegador de internet.

Sin Jocelyn Bell no conoceríamos el Pulsar y sin Rosalind Franklin no sabríamos que el ADN tiene forma de doble hélice; sin Heddy Lamarr no tendríamos WiFi, bluetooth ni disfrutaríamos de las formas de comunicación que en la actualidad son necesarias en la vida cotidiana. Su trabajo científico jugó un rol crucial en la historia, sin embargo, sus nombres no ocupan un lugar privilegiado en nuestras memorias.

Necesitamos con urgencia cerrar la brecha de género en los campos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés). Por ejemplo, es probable que en el futuro cercano se generen 58 millones de empleos dedicados a la tecnología, como desarrollo de software, análisis de datos, entre otros, los cuales deberían ser ocupados por el personal más capacitado, sin distinción de género.

Desafortunadamente, el Informe de Brecha de Género Global del Foro Económico Mundial de 2018 muestra que solo el 22% de las profesionales en el ámbito de inteligencia artificial a nivel mundial son mujeres. Las brechas se manifiestan desde etapas muy tempranas, de acuerdo con un estudio realizado por la UNESCO (2016) en América Latina y el Caribe. Por ejemplo, las niñas suelen obtener mejores resultados en matemáticas que los niños en tercer grado de primaria, pero esta ventaja va disminuyendo hasta perderse en sexto grado.

A pesar que no existen muchos datos sobre STEM en América Latina y el Caribe, sí vemos evidencia sobre la baja participación de la mujer en este ámbito. Por ejemplo, en México se ha determinado que si se eliminara la desigualdad de género en la consecución de altos grados académicos, el país experimentaría un incremento en la productividad científica de entre un 17 % y 20 %.

En cuanto a las patentes de nuevos inventos, solo un 27,8 % de las desarrolladas en la región incluyen al menos a una mujer inventora. En Ecuador, solo el 9 % de las patentes de nuevos inventos incluyen al menos a una mujer en el equipo de investigación.

Como en casi todas las esferas de la vida, la participación de la mujer en la ciencia y tecnología requiere compromisos y acciones para cerrar fisuras y desmontar estereotipos.

Es indispensable cambiar el modelo educativo que sitúa a la mujer fuera de los círculos tecnológicos. Para ello, es necesario eliminar el pensamiento machista que únicamente transgrede la libertad del ser humano y la posibilidad de su desarrollo en cualquier ámbito de aprendizaje. Además, las instituciones educativas deben animar a los estudiantes en la exploración de sus habilidades en cualquier espacio de conocimiento.

El desarrollo de políticas públicas orientadas en esta dirección permitiría cerrar las brechas y aprovechar la creatividad y productividad de toda la población. Despilfarrar el talento de la mitad de la ciudadanía es un lujo que no nos podemos permitir. Es momento para la acción y el compromiso total.

Fuente: Bibiana Aido, representante de ONU Mujeres en Ecuador

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 






 



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